miércoles, 11 de noviembre de 2009

Be loved XII~

Creo que nos pasamos el día besándonos y acariciándonos. No podría decir con exactitud cuál fue la cantidad de horas que estuvimos abrazados en su cama charlando de cualquier cosa mientras nos haciámos esos cariños acompañados por frases tiernas. Almorzamos ahí, él se encargó de cuidarme en todo momento y no me permitió moverme del lugar. Fue demasiado atento conmigo y me sentí culpable por esto, ya que ni siquiera estaba enfermo. Lo bueno era que mi inoportuno inconveniente ya había cesado, por lo que si tenía que levantarme estaba en perfectas condiciones para hacerlo. Dentro de todo le estaba agradecido a esta molestia, ya que fue la excusa perfecta para pasar el día al lado de Yamapi.
Cayó la tarde, y con ella una persona más a la casa. Al sonar el timbre, mi ahora pareja y yo intercambiamos una fugaz mirada.
-Ryuusei. -dijimos a la vez, ya que lo estábamos esperando. Le habíamos enviado un mensaje de texto pidiéndole que fuera con nosotros para charlar de algo.
Se lo ibamos a decir, aunque ya me imaginaba la cara estupefacta de mi hermano.
Yamapi bajó a abrirle y yo esperé nervioso en la cama, haciendo caso a la regla impuesta de no moverme. Me resultaba algo realmente innecesario si es que tenía un dolor estomacal, ya que por más que me moviera no me pasaría nada malo. Suspiré. ¿Para qué autoengañarme? Tal dolor jamás existió. "Deberías aplicar tus clases de teatro ahora" me dije a mí mismo.
Un instante después, el menor de los Ikuta se encontraba en la habitación.
-Hermano, ¡estás vivo! -exclamó a modo de saludo.
Me reí suavemente.
-Hola, hermano, ¿cómo estás? -saludé.
-Bien, bien, aunque según me dijeron tu caso no es el mismo. -murmuró sentándose en la cama. -¿Qué pasó?
Luz, cámara, ¡acción!
-No lo sé, ayer la señora Aoki nos cocinó gyoza. Estaba delicioso, no tienes idea de lo que fue eso. -me mordí el labio inferior ladeando la cabeza de un lado al otro. -Pero creo que me pasé, porque hoy... apenas pude moverme de los retorcijones que me agarraron. -llevé mi mano al vientre e improvisé la mejor cara de sufrimiento que podía hacer. No supe si Ryuusei se la creyó, pero Yamapi tenía la preocupación tatuada en el rostro. Demonios, no me gustaba verlo así. Jamás volvería a mentirle, me hacía sentir la peor basura del universo.
-Ya veo... -musitó mi hermano menor. -Es una lástima que me haya perdido esa cena, pero pensándolo bien, yo hubiese comido muchísimo más que tú. -me señaló. -Así que me salvé de terminar internado. -concluyó.
Los tres nos reímos.
-Seguro, aunque tienes más resistencia que Toma. -espetó Yamapi.
Ryuusei asintió.
-Eso es cierto, pero prefiero no arriesgarme.
Nos pasamos un buen rato hablando de trivialidades, poniéndonos al tanto de lo que sucedió en la escuela en esa jornada. Por suerte, mi hermano tenía mucho ingenio, por lo que se las arregló para cubrirnos ese día en clases. Mintió como el mejor haciendo que en los registros figurara que ambos estábamos en el instituto, realizando actividades que ningún profesor jamás nos encomendó.
-Te debemos una. -dije sonriente.
-No es nada, soy un profesional en este tipo de casos. -respondió tranquilo.
Yamapi soltó una risilla.
-Bueno, pero cualquier cosa que necesites no dudes en pedirnosla.
Ryuusei puso los ojos en blanco.
-Ahórrense tanta ceremonia y díganme de una buena vez de qué tanto querían charlar. -soltó dejando notar la impaciencia en su voz.
Miré a Yamapi con los ojos bien abiertos. Éste hizo una leve mueca y resopló.
-Bien. -comenzó él. -Amigo mío, tenemos algo importante que contarte. -anunció.
Nuestro oyente enarcó una ceja y se cruzó de brazos. Suspiró.
-Son pareja, ¿verdad? -atinó a decir el muchacho.
Los dos abrimos los ojos como platos, abrumados por sus palabras.
-¿Cómo...? ¿Cómo lo... sabías? -murmuré dificultosamente.
Ryuusei soltó una risilla y se llevó una mano a la barbilla.
-Por favor, chicos, no soy estúpido. Viven juntos, son dependientes entre ustedes, no pueden estar mucho tiempo separados. Y, como si fuera poco, se comen con la mirada. No hace falta que lo expresen en palabras. Están locos el uno por el otro. Hasta un ciego lo ve.
Silencio total. Yamapi y yo nos quedamos mudos, sin saber qué decir. Ryuusei nos contempló divertido, como si estuviese reprimiendo la risa.
Hasta que estalló en carcajadas. Y sin entenderlo, nosotros hicimos lo mismo.
Y allí tenías a tres adolescentes riéndose como idiotas, sin estar compartiendo el mismo chiste. O eso era lo que aparentaba.
Tomé aire profundamente para poder calmarme. Los demás comenzaron a callarse y también respiraron hondo, viendo que yo pensaba retomar la conversación.
-Entonces, siempre lo supiste. -observé.
-Claro, era algo demasiado obvio. Creo que lo supe desde el día en que se conocieron. -se encogió de hombros.
-Vaya... -musitó Yamapi. -No sabía que se nos notara tanto.
-Créeme que sí. Al menos a mí no me costó nada deducirlo, los conozco como la palma de mi mano. -sonrió.
Esto era algo demasiado extraño. Ya se había explicado todo y ni siquiera tuvimos que hablar Yamapi y yo.
-Bueno, pero... ¿qué dices? Digo, ¿qué opinas de todo esto? -interrogué curioso por saber su respuesta.
Él estiró sus brazos despreocupadamente y nos miró a los dos.
-Hmm... ¿Qué puedo opinar? Genial por ustedes, sean felices siendo gays.
Ambos nos paramos y entornamos los ojos.
-¡¿QUÉ?!- casi gritamos a la vez.
Ryuusei se rió al ver nuestra reacción.
-Bueno, gays o bisexuales o lo que sea. No me importa, los quiero de cualquier manera. Y mientras estén bien, yo también lo estoy. Saben lo importantes que son para mí. -aseguró.
Miré a mi hermano completamente conmovido. No me hizo falta saber que Yamapi estaba haciendo lo mismo, ya que coordinadamente nos abalanzamos sobre él para abrazarlo con fuerza.
-Te quiero, hermano. -murmuré.
-Te quiero, amigo. Gracias por todo. -dijo Yamapi.
-¡Hey, basta! -se quejó. -¡No me peguen su melosidad!
Entonces los tres volvimos a reírnos, ahora sabedores de que era por la misma broma. Y así estuvimos el resto de la tarde.

No hay comentarios:

Publicar un comentario