Latía, tan pero tan fuerte que creía que se saldría de mi caja toraxica para adentrarse en la suya. Saltaba tan pero tan fuerte, que sentía que casi golpeaba mis costillas, fuerte y constantemente.
Pero muy por el contrario, no dolía, nada, ni siquiera un poquitito. Simplemente me hacía palpitar, suspirar, sonrojarme; únicamente él podía hacerme sentir aquello, parecía ser que simplemente él podía revolucionar mi cuerpo con sólo acariciarme el cabello. Mi cara de niño me delataba, me sentía en las nubes, parecía tan enamorado que cada poro de mi piel se pintaba de rosado al sólo verlo. Dieciséis años. Únicamente eso, y creía no haberme enamorado nunca, hasta que descubrí en él, en mi mejor amigo, el amante perfecto. Quería decírselo, pero creía que me diría loco, raro, extravagante, excéntrico, estrafalario… y me sentía sumamente pusilánime por eso, sentía miedo, y la vez una opresión en mi interior. Necesitaba decirlo, pero…
- Pi…-detuvo mis pensamientos.
- ¿Qué? -pregunté.
- Estás muy callado.-picó mi estómago y acomodó sus piernas haciendo que mi cabeza se moviera un poco por estar recostada allí.
- No es nada.-besé su estómago por sobre la ropa, cariños que sólo tenía con él y su hermano. Mis dos preciados tesoros, aunque el que me hablaba en ese instante parecía ser el más importante.
- ¿En qué piensas? -preguntó mientras acomodaba mi flequillo.
- En que me agrada estar así contigo.-contesté con naturalidad. No era raro en mí tener aquellas actitudes con él.
- A mi también me agrada.-contestó suavemente y se encorvó para besarme la mejilla.- Te quiero Pi.-me dijo con dulzura y aquella sonrisa que hizo que mi corazón empezara a querer romper mi cuerpo para escaparse.
- Yo también.-contesté y un bostezo salió de mis labios. Eran las cuatro de la mañana y estábamos allí con la televisión prendida y nada interesante para ver en ella.
- ¿Tienes sueño? -indagó sonriendo.
- Sí, un poco.-dije riendo un poquito.- ¿Vamos a dormir? -ya toda su familia se encontraba en el decimoquinto sueño seguramente y nosotros estábamos en aquel sillón desvelándonos.
- Sí, yo también estoy algo cansado.-contestó y levantó mi cabeza de su regazo. Me levanté y él me siguió. Las escaleras fueron subidas por nosotros lentamente, parecía ser que el cansancio de verdad nos había alcanzado. Cuando abrió la puerta de su habitación, ni las luces hubo prendido, sino que directamente se tiro boca abajo en la cama, en donde luego yo me acosté a su lado.
- Muero de sueño.-dijo bostezando esta vez él.
- Yo también…-me contagió su bostezo.- Tu habitación es muy fría…-comenté.
- ¿Verdad que sí? -dijo dudoso girándose.- Tendré que colocar alguna estufa.
Asentí en la oscuridad, ya las palabras no querían salir de mi boca y mis ojos se cerraban.
- ¿Tienes mucho frío? -dijo abriendo la cama para adentrarse en ella y luego hice lo mismo por inercia.
- Ajá…-simplemente solté y sentí sus brazos alrededor de mi cuerpo dándome su calor.
Apoyé mi cabeza sobre su pecho. Me sonrojé y mantuve mis ojos abiertos apenas mirándolo de reojo, vislumbrando sus ojos ahora cerrados y sus labios brillar con la luz de la luna. Besé su pecho, y sentí que susurró algo que no supe descifrar.
Levanté mi cabeza y sentí unos labios sobre los míos por incidente. Abrí mis ojos y vi los suyos clavados en los míos. Me sentí tan inocente al no saber si separarme o si simplemente cerrar los ojos y besarlo de verdad. Dieciséis años y retrocedí en el tiempo al día que di mi primer beso.
No supe como reaccionar, no supe que hacer, lo único que podía sentir era mi corazón latir y latir contra su pecho.
Nuestros labios seguían unidos, ni él, ni yo, dimos indicios de separarlos. Parecía ser como si alguien quisiese burlarse de nosotros y hubieran colocado alguna especie de pegamento mágicamente sobre nuestros labios.
- Pi…-susurró apretando nuestro abrazo, pero no separó nuestros labios, ni un centímetro, ni una pequeña milésima, ni un micrón.
Sólo cerré mis ojos; si él no se separaba significaba que todo estaba bien, que lo que sucedía no era únicamente un deseo mío, sino que él también sentía las mismas opresiones y latidos.
Sonreí, y sentí sus labios cometer la misma acción sobre los míos. Quise entreabrir mis labios y besarlo correctamente, pero al parecer me había olvidado de cómo hacerlo, sólo sabía que quería hacerlo perfectamente, sin cometer ningún error, pero no podía, cada cosa que sabía se había borrado de mi mente, como si de un niño pequeño se tratase.
- Toma…-sólo pude susurrar.
- Te quiero Pi, te quiero mucho…-sentí que acarició mis cabellos y abrí los ojos para notar los suyos aún cerrados y sus labios pegados a mí, sin movimiento alguno, brindándome el calor y la humedad que tenían.
Y aquellas palabras parecían haber activado mi mente, pero más que nada a mi corazón. Lo besé suavemente, sintiendo sus labios, su boca, cada recóndito lugar que se ubicaba detrás de esos labios carnosos estaba siendo saboreado por mí como si fuese el más grande de los placeres de la vida. El placer de saber, que el amor se hace de a dos.
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Buen inicio...xD!
ResponderEliminarMe voy a desvelar...xDDDDDDDD!!!!!!
Romina