martes, 1 de diciembre de 2009

Be loved XIII~

Ryuusei ya se había retirado. La tarde fue más divertida de lo que pensé que sería. Me imaginaba llantos, al menos de mi parte, por la no aceptación de mi amigo. Pero pareciese ser que por ahora todo estaba color de rosa para nosotros.
Estábamos sentados en el sillón. Mamá había salido, unas amigas la invitaron a cenar y la casa se encontraba perfectamente tranquila, como para mirar algún animé en el living de la casa.
Reíamos continuamente. Y estábamos viendo un género que hasta el momento no habíamos experimentado, o muy poco, ya que conviviendo con mi hermana sería difícil no conocer aunque sea mínimamente algo. Pero del conocimiento al hecho había una línea y la había cruzado… y con mi pareja.
- ¡Dios! -rió Toma.- No pensé que el yaoi fuese tan divertido.-sonrió.
- Es que… es como un animé normal, salvo que varían los sexos.-reí también.- No es que cambie demasiado tampoco. Igualmente no entiendo el trauma de mi hermana con esto.-comenté sonriendo.
- Nunca entendí ninguna actitud de Rina.-frunció el ceño.
- Sé, sé que mi hermana es rara.-sonreí.- ¿Recuerdas que cuando éramos más chicos decía que se quería casar conmigo? -reí con ganas.-
- Mil veces le explicamos que eran hermanos y no podían, hasta que lloró por una semana y no dijo nunca más nada del tema.-rió suavemente al recordarlo.- Era muy linda de chiquita.-sonrió.
- Yo soy más lindo.-enfaticé.
- Claro que sí.-me besó suavemente.
Y en medio del beso, la puerta comenzó a abrirse. Saltamos de la impresión y nos acomodamos en el sillón con bastante distancia uno del otro, más que la normal.
- Hola chicos.-una voz masculina resonó en el recibidor.
- H-ho-hola papá.-contesté.
- Bue-buenas noches señor Aoki.-y miró la pantalla asustado, ya que en ese momento Usagi-san se le estaba insinuando sin disimulo a Misaki. ¡Genial! Apagué la tv en cuanto pude. Reaccionando a la velocidad de la luz.
Mi padre frunció el ceño y los hombros quitándole importancia a mi reacción.
- Ikuta-kun…-lo miró- ¿te quedas a cenar? -Toma lo miró y luego me miró a mí que hice una seña negativa.
- No, gracias, Pi irá a mi casa a cenar.-sonrió haciendo una reverencia.
- Está bien.-se dirigió a la cocina y suspiramos.
- ¿Estará bien que vaya? -pregunté.
- Como si mamá fuese a decir algo.-se encogió de hombros.- Sabes que eres el único que siempre es bienvenido en casa.-sonrió tomando mi mano.
- Lo sé.-le di un beso en la mejilla.- ¿Vamos? Me siento incómodo con papá en el mismo techo.-comenté frunciendo el ceño.
- Sí…huyamos por favor.-rió y salimos sin siquiera saludar. Caminamos una cuadra normalmente, aunque había algo diferente, silencio, que más que disimular, lo empeoraba, ya que no era un comportamiento usual, pero nuestras cabezas no parecían tomarlo en cuenta.
Cuando la cuadra terminó, me acerqué y tomé su mano entrelazándola con la mía.
- Él me da miedo.-habló Toma.
- Lo sé, a mi más.-murmuré.- ¿Ryuusei estará en tu casa? -indagué.
- Espero que sí, al menos nos apañaría un poco con mamá.-hablé sonriendo.
- Sí.-contesté y luego pensé.- ¿Mamá salió con tu madre también?
- Creo que no.-contestó.
- Oh… ¿igualmente puedo cocinar yo? -pregunté.
- ¿Crees que mamá se negaría? -rió.
- Entonces, hecho. Cocino yo.-sonreí.

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