domingo, 8 de noviembre de 2009

Be loved VIII~

Al final no tuvimos que pensar demasiado en qué hacer. La mamá de Yamapi nos había casi obligado a bajar a comer, ya que cocinó "especialmente" para nosotros esa noche. Bien, ese sería un momento realmente incómodo teniendo en cuenta que ella ya se había dado cuenta de lo que ocurría. Y además, su presencia implicaba que no podía ni besarlo ni acariciarlo ni decirle nada romántico. Un solo testigo hacía que mis planes con mi ¿mejor amigo? esa noche no puedan cumplirse. Aún no estaba listo para sacar a la luz el extraño vuelco que ocurrió en nuestra relación.
Bajamos de las escaleras y nos dirijimos al comedor. La señora Aoki ya se encontraba allí en la mesa, esperándonos.
-Espero que les guste. -anunció sonriente. Habían tres platos con gyoza servidos.
-Se ve realmente delicioso. -le dije devolviéndole la sonrisa.
-Es cierto. -coincidió Yamapi. -Te pasaste, mamá.
-¿Pasarme? Para nada, es algo sencillo de cocinar. -hizo una leve mueca con los labios. -¿Qué esperan para sentarse?
Ambos nos acomodamos y procedimos a comer. Tal como lo habíamos dicho, estaba riquísimo. Pero no hablamos de absolutamente nada al principio, ya que ninguno supo qué tema tocar en ese momento. Hasta que aquella mujer rompió el hielo.
-¿Y, chicos? ¿Qué hicieron en el día de hoy?
Intercambiamos una rápida mirada entre los dos y aclaramos rapidamente que sería Yamapi quien hablaría para manejar la situación.
-Nada en especial, escuela, poca tarea... Y en la tarde fui a ver a Ryuusei y Toma en su casa.
Asentí para confirmar sus palabras. Después de todo no era mentira.
-Ya veo... -musitó ella. -¿Y no hicieron nada más?
¡¿Qué?!
-No, ¿por qué? ¿Deberíamos hacer algo más? -interrogó el hijo a su madre tratando de no mostrarse nervioso.
La señora Aoki puso los ojos en blanco.
-No es eso, es que como hoy te vi llegar a casa sonriendo de oreja a oreja pensé que quizá había ocurrido algo...
Abrí los ojos como platos y miré a Yamapi.
-Estás alucinando, mamá. Eso no pasó. -casi gruñó él.
Se produjo un silencio. Entonces se produjo un suave sonido. Un suspiro de ella.
-Lo siento entonces. Me equivoqué. -se disculpó.
De pronto me sentí culpable por estar ocultándole todo a esa mujer. Pobre, se merecía saberlo.
-No te preocupes. -dijo Yamapi.
-Sí, en serio, no se preocupe. -repetí yo intentando apaciguar las cosas.
Ella esbozó una amplia sonrisa.
-¿Quieren más? -consultó cuando vio que habíamos acabado con la cena.
-No, gracias. -dijimos al unísono los dos y nos reímos por esto.
La señora se vio contagiada por nuestra carcajada.
-Bueno, si necesitan algo me avisan, ¿sí?- ofreció ella.
-Claro, no hay problema. -respondí.
-¿Vamos a mi cuarto? -me dijo Yamapi.
Dirigí mi mirada disimuladamente hacia su madre. Estaba recogiendo los platos y cubiertos. Aparentaba no escucharnos, aunque estaba casi seguro de que no era así.
-Sí... -murmuré con un hilo de voz.
Él captó mi indirecta para mostrarnos un poco más discretos y me hizo un gesto con la cabeza para subir. Yo me levanté en silencio y me encaminé a las escaleras.
-Buenas noches, mamá. -dijo Yamapi.
-Buenas noches, señora. -agregué yo al instante.
-Buenas noches, chicos. Que duerman bien. -nos deseó.
Podría jurar que su voz denotaba emoción.
-Igualmente. -respondió él.
Subimos hasta la habitación y resoplé apenas entramos.
-Eso sí que fue extraño. Ya no sé cómo tratar a tu madre. -ladeé la cabeza de un lado al otro y me senté en su cama.
-Lo sé, es demasiado intuitiva. Ya dedujo todo lo que ocurre. -observó.
-¿Y si se lo decimos? -pregunté.
Él me miró frunciendo el entrecejo.
-¿Estás loco? Nos estaría encima todo el día. Y tu mamá también. Sabes que sería así, ellas son muy amigas.
Me mordí el labio inferior al imaginar esto.
-Una verdadera tortura. -opiné.
-Exacto. -asintió.
-Pero por otro lado... me da pena ocultarles todo. Se merecen saberlo...
-¿Saber qué? -preguntó haciendo un gesto desesperado.
-Saber... -de pronto no supe qué decir. Porque en realidad, había algo muy importante que ignoraba. -Pi...
-Dime, amor. -se acercó para pasar su brazo por arriba de mi hombro.
Me mordí el labio inferior mientras planteaba un nuevo cuestionamiento en mi cabeza.
-¿Qué somos? -interrogué.

No hay comentarios:

Publicar un comentario