sábado, 7 de noviembre de 2009

Be loved II~

Llegué de la escuela esa tarde a mi casa exhausto, sin ganas de hacer absolutamente nada. Mientras que mi hermano se dirigía a la cocina a comer algo, yo subí directamente a la habitación. Una vez allí, lancé mi bolso al piso y me dejé caer en mi cama, sin molestarme en cambiarme siquiera. Tenía sueño, mucho sueño. Porque la noche anterior no había dormido absolutamente nada.
Rodé por el colchón hasta quedar boca abajo. Rapidamente, los recuerdos de anoche se hicieron presentes. Yamapi y yo nos besamos. Yo había pegado mis labios a los suyos y le había dicho que lo quería. Y él, bueno... digamos que le dio dinámica al beso.
Sentí cómo mis mejillas se ruborizaban, ya que sentí un gran calor en esta zona de la cara. Oh, Dios mío. ¿De verdad había ocurrido eso? Volví a girar en mi cama y me llevé la mano a la boca, rozándola suavemente con los dedos. Al instante se me vino a la cabeza la cara de Yamapi en la oscuridad de la noche, emepeñado en que ese beso fuera real...
Me incorporé con el corazón latiendo con fuerza y la respiración agitada. ¡Diablos! Me costaba pensar que aquello había sucedido realmente. Tantos años de amistad, tantas amores que pasamos, tantos consejos, tantas charlas sobre nuestras parejas... Y ahora, inexplicablemente, estábamos profundamente enamorados el uno del otro. Sí, lo que ocurrió la noche pasada no había sido uno de nuestros tantos juegos. Era completamente en serio, podía notar lo que él sentía por mí. Y, claramente, me sucedía lo mismo que a él. Mi mejor amigo me gustaba. Mucho. O quizá demasiado.
Suspiré y me recosté de nuevo. En ese día, apenas nos pudimos mirar. Ninguno de los dos supo cómo continuar nuestra relación tras lo ocurrido. No podíamos tratarnos como siempre, pero tampoco íbamos a andar besándonos por ahí...
Abrí los ojos como platos al pensar en esto último. "¿Pero qué dem--?" Un momento, nosotros no éramos novios ni nada por el estilo. Supuestamente seguíamos siendo amigos a pesar de lo ocurrido, o eso era lo que yo tenía entendido. La cabeza comenzó a darme vueltas. ¿Qué éramos? ¿Cómo debía actuar con él ahora?
"Qué complicado es enamorarte de tu mejor amigo" pensé sacudiendo la cabeza de modo desesperado.

De pronto, oí cómo alguien se acercaba al cuarto. Se abrió la puerta y ni me molesté en levantar la vista.
-Ryuusei, ¿me trajiste algo para comer? -pregunté cruzando mis brazos por detrás de mi cabeza y apoyándolos contra el cabezal de la cama.
-Toma-chan... -murmuró una voz muy conocida para mí que definitivamente no era la de mi hermano menor.
Dirigí mis ojos hacia la puerta y lo vi. Allí estaba él, mirándome fijamente con esos ojos brillantes, hermosos. Estaba esperando a que le hablara antes de hacer ningún movimiento por lo que pude deducir.
Me levanté de un sobresalto y casi me caigo al piso con este movimiento brusco.
-¡Pi! Ho-hola... -murmuré ahogadamente con un intenso sonrojo.
Él sonrió con esa frescura tan característica, aunque con el nerviosismo reflejado en el resto de su cara. Se acercó algo tambaleante y se sentó en mi cama. Casi por inercia, hice lo mismo que él, ya que vivíamos sentados allí, uno al lado del otro.
-Podemos... ¿podemos hablar un momento? -interrogó dudoso, como si le diera miedo escuchar mi respuesta.
"Llegó el momento de aclarar las cosas" concluí internamente.
-Por supuesto que sí. -contesté con la voz temblorosa.
Y, sin previo aviso, se acercó velozmente a mí para besarme de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario