Levanté mi mano para presionar uno de mis dedos sobre el timbre. Éste sonó en toda la casa y mi corazón comenzó a golpetear contra mi pecho a gran velocidad. Lo vería de nuevo y, como tantas otras veces, pasaría la noche en su casa. Pero esta vez sería completamente diferente. Los dos sabíamos que nos amábamos el uno al otro y que no podíamos evitarlo. Y si había terminado su relación con Natsu, él estaría soltero. Y yo no estaba con nadie. Y...
Estuve a punto de darme una bofetada por dejar ir mi mente de aquella manera. Qué espanto, ¿desde cuándo me ilusionaba tanto con alguien? Yo no era así, solía tomarme las cosas con calma. Con mi primera y hasta ese momento única novia, había vivido una linda y duradera relación, pero no pensaba en todo como si fuera algo mágico y hermoso. No como me ocurría con Yamapi. ¿Por qué era tan distinto al estar con él? ¿Influenciaba el hecho de haber tenido tantos años como mejores amigos? ¿O todo se resumía a que era él?
Demasiadas preguntas y ninguna respuesta que frenara esos constantes pensamientos.
Entonces alguien abrió la puerta y las palpitaciones se hicieron presentes de nuevo. Contrario a lo que me esperaba, quien me estaba invitando a pasar era la madre de mi amigo.
-Toma, ¿cómo estás? Adelante, Pi está en su habitación. -anunció con una gran sonrisa en el rostro.
Algo me decía que esa mujer se había dado cuenta de todo.
-Gracias, señora Aoki. -ingresé al recinto torpemente. -Yo me encuentro muy bien, ¿y usted?
-Perfectamente, porque vi a mi hijo muy feliz. -la mamá de Yamapi enarcó una ceja. -No hay nada que contente tanto una madre que ver a su hijo de esa manera, ¿sabes? -musitó y luego dislumbró una amplia sonrisa.
"Demonios, lo sabe absolutamente todo." me dije internamente
-¿Sí? ¡Qué bien! -me hice el desentendido adentrándome a la casa. -Bien, creo que iré subiendo. Con su permiso, señora Aoki... -me dirigí tambaleante hacia las escaleras para comenzar a subirlas, sin mirar a la otra persona.
-Bueno, cualquier cosa que necesiten me avisan. Diviértanse. -soltó una risilla y luego se fue.
Oh, no. Tendría que tolerar ese tipo de comentarios por parte de la mamá de Yamapi y la suya. Porque ambas mujeres hablaban muchísimo entre ellas y estaba claro que el tema de los hijos estaba siempre presente en sus conversaciones. ¿Por qué el sexo femenino era tan intuitivo? A veces agradecía ser hombre y no estar atento a tantos detalles.
Llegué al segundo piso y me detuve frente a la puerta del cuarto de mi mejor amigo. Normalmente, abriría la puerta sin preguntar, pero ahora me daba vergüenza hacerlo y no comprendía la razón. Me parecía realmente estúpido eso por mi parte y sin embargo golpeé para llamar la atención del otro lado.
-¿Sí? -murmuró esa voz masculina y profunda que tanto me gustaba de Yamapi.
Sentí un leve escalofrío.
-Ehh, Pi, soy yo. -musité con la voz algo baja.
-Pasa. -escuché cómo reía suavemente. Seguro le había hecho gracia que pidiera permiso antes de entrar.
Y al abrir la puerta, descubrí por qué me apenaba tanto la idea de entrar bruscamente allí.
Vi al muchacho tendido en la cama, con unos pantalones deportivos cómodos y una toalla alrededor del cuello. El resto del cuerpo lo tenía completamente desnudo, algo húmedo por la ducha que seguramente acababa de darse. Santo cielo, era la primera vez que apreciaba el cuerpo de aquel hombre de semejante manera. Me había quedado sin aliento, como si jamás en la vida hubiera visto el físico increíble que tenía ese chico.
-P-Pi... -jadeé y sacudí la cabeza. -Am... Hola de nuevo, ¿cómo te fue con Natsu? -interrogué acercándome a la cama intentando desviar la vista de él sin demasiado éxito.
Entrecerró los ojos extrañado por esta actitud.
-Bueno, digamos que... se lo tomó como creía que lo haría. Se puso mal, pero no se enojó ni nada por el estilo. Por suerte ella es una chica bastante buena y comprensiva. -dijo con apoyando su mentón sobre una de sus manos.
Se produjo un silencio.
-¿Toma-chan? -llamó curioso. -¿Estás bien?
-¿Qué? -sacudí la cabeza. -Ah, sí, me alegro de que haya sido así. Siempre me pareció que era una buena persona y esto me lo terminó de confirmar.
Yamapi me observó atentamete.
-¿De verdad estás bien?- preguntó preocupado.
Parpadeé un par de veces.
-Sí, es sólo que... Es sólo que... -Es sólo que no puedo quitarte los ojos de encima... -Es sólo que... Todo esto me resulta muy extraño.
Y si es por mí, te devoro a besos por todas las veces en que quise probar tus delciosos labios.
Quería decirle tantas cosas, pero sólo pude decirlo lo siguiente:
-Eres tan hermoso, Pi. Demasiado, y por muchos años no lo había notado. -reconocí sonrojado. -Qué tonto fui todo este tiempo...
sábado, 7 de noviembre de 2009
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