Llegamos a mi casa abrazados, riéndonos de nuestra charla. Una vez que estuvimos frente a la puerta, me separé de él y esbocé una sonrisa de disculpa.
-Sólo por si acaso. -le dije en voz baja.
Yamapi asintió.
-Claro, total en tu cuarto no pienso soltarte. -respondió guiñando un ojo.
Me reí suavemente y procedí a abrir la puerta para así ingresar al recinto. A la primera persona que vimos fue a Ryuusei.
-Hey, tanto tiempo. -murmuró sonriente y levantando una mano.
-Pff, demasidado. -puse los ojos en blanco. -¿Y mamá?
-Creo que se fue a cocinar.
-¡NO! -gritó Yamapi y se disparó hacia la cocina.
Mi hermano y yo vimos cómo se iba y Ryuusei reflejó la confusión en su rostro.
-¿Qué dem--?
-Quiere hacer la cena. -lo interrumpí.
-... ah. -murmuró asintiendo con la cabeza y luego se echó a reír. -Este Pi, jamás cambiará.
-Y yo no quiero que cambie. -repliqué.
-Argh, no seas meloso. -hizo una mueca de asco.
Me reí al verlo reaccionar así.
-Eso no es ser meloso, se nota que nunca estuviste en pareja, hermano.
-Ni me interesaría, realmente...
-PIIII, ¡¡¿¿ESTÁS AHÍ??!!
Ambos nos quedamos en silencio al escuchar el grito femenino que se oyó detrás de la puerta. Inmediatamente, reconocimos la voz.
-Rina. -dijimos al unísono y nos dirigimos a la entrada. Apenas abrimos la puerta, vimos a la muchacha empañada en lágrimas, con sus cabellos despeinados. Se abalanzó hacia Ryuusei y lo abrazó para comenzar a llorar. Éste se quedó rígido, shockeado por el contacto repentino. Yo también estaba algo sorprendido, ella no era tan cercana al menor de los Ikuta.
-Rina, ¿qué ocurre? -cuestioné en voz queda mientras me acercaba para colocar mi mano sobre su espalda.
Ésta levantó la cara para dirigir su mirada a mi rostro.
-Lo... ¡snif! Lo... ¡LO ODIO! -volvió a estallar en lágrimas y esta vez me abrazó a mí. Aferré mis brazos a su espalda y acaricié sus cabellos dulcemente.
-Creo que ya sé lo que pasó. -suspiré. Fue justo en ese momento en el que apareció Yamapi, su hermano mayor, completamente desesperado.
-¡Rina! -extendió sus brazos dispuesto a recibirla. No dudé en acercásela ya que él era el mejor consuelo que había para esa chica. Ella se dejó abrazar con fuerza, enterrando su rostro en el pecho de él.
-¿Qué hizo papá? -preguntó enfadado.
Rina se secó las lágrimas con el dorso de la mano y tomó una gran bocanada de aire.
-Quiere cambiarme de escuela por tener malas notas. No quiero irme de ahí, no quiero separarme de mis amigos. ¡No quiero! -su voz se quebró al final y el llanto se hizo presente de nuevo.
Fue una charla bastante extensa, la cual requirió de los consejos de todos. Hasta mi mamá, quien se encontraba cocinando, se nos acercó para ayudar en la conversación. Rina estaba destruída, de verdad quería seguir yendo a ese instituto. Había hecho una gran cantidad de amigos y no estaba lista para dejarlos. La comprendía, si a mí me pasaba eso, me negaría rotundamente a la idea. Sobre todo porque no podría ver a Yamapi con la misma frecuencia y eso era algo que no estaba dispuesto a cambiar.
Luego de tranquilizarla un poco, cenamos todos juntos, con mi papá incluído quien acababa de llegar del trabajo. El ambiente estaba mucho más relajado, Rina se encontraba más tranquila, se interesaba en nuestros temas de conversación y pronto ya estaba riéndose con nosotros.
El momento era de lo más agradable, pero sinceramente yo ya no quería estar ahí. Moría de ganas por estar con mi pareja a solas, sin que todos nos estuvieran viendo y nos cuestionen nada. Así que apenas terminamos de comer, me dirigí a mi habitación esperando que Yamapi me siguiera. Efectivamente él hizo eso, ya que Rina se encontraba muy entretenida charlando con mi mamá y mi hermano.
Al poco tiempo, estábamos los dos en el cuarto, besándonos como si nunca nos hubiésemos besado. Nuestras respiraciones se volvieron ruidosas, irregulares. Nos acariciábamos a tal velocidad que los latidos se hicieron sonoros a causa de esto.
Se separó de mis labios y me miró a los ojos con intensidad.
-¿Qué pasaría si alguien entrara justo ahora? -indagó casi en un susurro.
-Tocarían la puerta antes. Mamá y papá nunca entran sin permiso y Ryuusei sabe que estamos acá. -expliqué mientras revolvía sus cabellos y acercaba su cabeza de nuevo a mi cara para besarlo con ganas.
Él se rió.
-Bueno, entonces... -comenzó a hablar pero rapidamente se calló, congelando sus facciones por completo.
-¿Qué pasa, amor? -pregunté preocupado, tomando su rostro con mis manos.
-¡¿"Amor"?! -se escuchó decir a otra persona, ya que claramente no era ninguno de nosotros dos.
Giré mi cabeza hacia la puerta, rogando que la voz de mi hermano pueda ser así de aguda al querer hacer una broma.
Ah, mierda.
Rina se encontraba en el umbral con la boca en forma de "O", conteniendo la respiración.
Nos había visto. Nos estaba viendo. Y no tenía intención alguna de dejar de hacerlo.
A la velocidad de la luz, Yamapi corrió hacia ella y la empujó hacia adentro, cerrando la puerta y colocándole la traba que ésta tenía. La llevó contra la pared y le lanzó una mirada asesina.
-Tú, pequeña mocosa. Llegas a decir algo y olvídate que te ayudo con lo de la escuela. -amenazó con la voz profunda y grave.
La chica se cruzó de brazos y enarcó una ceja.
-Hecho, pero antes me deberían explicar qué es lo que no debo contar, ya que no termino de entender qué ocurre aquí. -anunció entrecerrando los ojos.
Su hermano se rió histéricamente.
-¿Estás bromeando? Rina, tú más que nadie sabes de estas cosas. ¿Acaso no eres una amante del yaoi? -dijo llevándose las manos a la cintura.
-Una cosa es ver algo en un animé, otra muy distinta ver algo en la vida real. Y peor aún si tu hermano está implicado en ello. -espetó ladeando la cabeza de un lado al otro.
Yamapi se tapó la cara con las manos y suspiró con fuerza.
-Demonios, Rina, no me hagas decirlo. -bufó.
-A ver, entonces sólo responde mis preguntas. ¿Son novios?
-Sí.
-¿Desde hace mucho tiempo?
-No.
-¿Mamá sabe?
-No, pero lo sospecha.
-¿Papá sabe?
-No digas idioteces.
-¿Ryuusei lo sabe?
-Sí.
-¿Y los papás de Toma-chan?
-No.
-¿Puedo verlos besarse?
-¡No! -exclamó Yamapi con furia.
-Mentira, no voy a pedirles algo así. Pero no se priven de nada estando conmigo, yo no voy a quejarme. -guiñó un ojo y se echó a reír.
No pude evitar reírme con ella, me resultó contagiasa su carcajada. Consideraba a Rina una hermana y por más rara que fuera, la quería.
Mi novio nos miró extrañado y luego resopló.
-A veces pienso que ustedes son los hermanos en realidad. -meneó la cabeza y luego rió por lo bajo.
-Quizá. Pero ahora Toma-chan es mi cuñado, ¿no? -me tomó por el brazo y colocó su cabeza sobre mi hombro.
Sobé su cabeza y le sonreí.
-Soy tu hermano-cuñado ahora. Eres mi familia más que nunca. -musité.
Ella se rió encantada.
-Por supuesto, y como te quiero a ti y a mi lindo hermanito les dejaré la habitación para ustedes solos. -se llevó la mano al mentón y esbozó una media sonrisa.
Yamapi rodeó los ojos y soltó una risilla.
-¿Y en dónde piensas dormir esta noche? -soltó burlonamente.
-Puede quedarse en mi cuarto si quiere. -ofreció una cuarta voz, la de mi hermano menor.
-¡Ryuusei! ¿Qué haces aquí? -cuestioné sorprendido.
-Es que seguí a Rina y quise detenerla, pero me ganó. Y preferí esperar a que aclararan las cosas entre ustedes, por lo que terminé escuchando todo desde afuera. -se encogió de hombros.
Ella corrió hacia su salvación y lo abrazó con fuerza.
-¡Gracias, Ryuu-chan! Prometo no molestarte esta noche, me portaré bien. ¡Lo juro! -a continuación, besó su mejilla tiernamente, con una sonrisa de oreja a oreja.
Ryuusei se puso rojo como un tomante, claramente anonadado con el acto de la hermana de Yamapi.
-O-Ok, n-no hay problema... -aseguró con la voz ahogada.
No lo resistí más y me reí a carcajadas.
-¿No era que no te interesaba estar en pareja? -insinué y Yamapi estalló en risas.
-¡Basta! -se quejó Ryuusei pero al ver reírnos terminó haciendo lo mismo.
Rapidamente la risa de Rina repicó junto con las nuestras, creando un ambiente mucho más liviano en la habitación e invitándonos a disfrutar de la noche entre los cuatro, como si fuesemos la misma familia.
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