Al ver su pecho descubierto, supe que toda la cordura que creí tener se había escapado de mi cuerpo. Suspiré fuerte, con un ritmo acelerado debido a la agitación de ver su torso desnudo frente a mí. Tomé su mano y la entrelacé con la mía. Juguetee con sus dedos unos instantes temeroso, y lo seguí mirando hasta que mis hormonas pudieron más y me tiré sobre su cuerpo para besar sus labios rudamente, aunque no perdí el cuidado, esos labios no podían ser ultra tajados. Al menos no por mí.
- Siento que quiero evitarlo pero ya no puedo…-murmuré sobre sus labios.- En realidad, ya no quiero detenerlo.-lo miré.- No puedo soltarte Ikuta, me dejas completamente falto de cordura.-y retomé el contacto con sus labios, los mordí, succioné y saboree todo lo que estuvo a mi alcance. Luego pasé a su cuello y lo besé y lamí con ganas. Quería dejarle marcas pero no quería tener problemas con su familia, por lo que lo evité.
- Quiero morderte, mucho, marcarte por completo para que seas mío.-murmuré sediento por más del cuerpo de Toma. Me sentía completamente un desconocido, no era de decir ese tipo de cosas nunca.
- Amor…-habló algo ronco y yo imité su acción anterior quitándome la camiseta también.- Hazme todas las marcas que quieras…-suspiró ladeando su cuello y suspirando. Esos suspiros me hacían volverme cada vez más loco por tenerlo.- No me importa lo que puedan llegar a decirme.-completó.
Pensé que si seguía con las ganas de morderlo, iba a tener que buscar un lugar lo suficientemente oculto, por lo que mordí su pecho, mientras mis manos jugueteaban en sus tetillas.
Lo escuché gemir suavemente, lo cual hizo que de a poco, si es que antes ya no estaba de esa forma, mi miembro comenzara a necesitar atención y el pantalón comenzara a su vez a ser un estorbo.
Me los quité mientras que Toma con sus manos no hacía más que rasguñar mi estómago. Cada vez que sus uñas me tocaban la piel mis gemidos salían, suaves y roncos, y los disfruté como nunca antes lo había hecho.
Me apoderé de sus labios de nuevo, dejando su pecho libre para que este pudiese chocar con el mío. Jugué con sus cabellos, los revolví y agité.
- Pi, estamos en medio de la sala…-logró decir.- Sé que antes dije que el lugar no me importaba, pero es mi casa…-habló entre gemidos suaves.
Lo cargué y lo llevé al sillón, no podía ir más lejos, necesitaba estar con él, y no me importaba dónde fuese. Ahora era yo el que no podía parar, realmente ya no podía.
Le quité los pantalones en medio de besos, y entre ambos nos retiramos la última prenda, lo que sin darnos cuenta, nos hizo sonrojar a ambos. Acaricie su mejilla. Tenía miedo, pero él parecía estar seguro por lo que iba a dar todo de mí.
- ¿Estás listo amor? -lo giré, besé sus labios suavemente y luego su hombro y espalda. Asintió y cuando estaba por entrar sobre él escuché un chillido que me hizo detenerme antes de empezar.- ¿¡Qué pasa!? -pregunté asustado.
- ¡Una cucaracha! -chilló Toma otra vez.
- ¿Eh? -miré y no vi nada.
- ¡Ahí! -señaló debajo nuestro.
- ¿Dónde? -señaló el sillón en una parte cercana a su pecho y salió de abajo de mío para esconderse detrás de la mesa.
De un momento a otro la excitación parecía haberse ido.
- ¡Mátala! ¡Pi! ¡Mátala! -chilló desesperado.
- ¡Maldita cucaracha! -grité y con una revista la golpee tantas veces que el pobre insecto deseó nunca haber vivido. La revista comenzaba a despedazarse pero mi instinto asesino no parecía querer detenerse. Esa cucaracha sería mi peor enemigo, podía jurarlo.
martes, 19 de enero de 2010
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Merr que te hacés la boluda y le pasás la bocha a Kao para que sea la responsable de "acabar"- nunca mejor dicho- con este tema... Igual como va la cosa no creo que continúe para rato no?
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