Patética. Mi actitud había sido realmente patética. Arruiné por completo nuestro momento íntimo, en donde iba a ocurrir algo importante. Me sentía el peor.
-Perdón, amor. -solté de repente luego de un silencio eterno que se produjo desde el incidente de la cucaracha. -Yo... no debí decir nada, tenía que haber seguido ignorando a ese bicho y...
-Shh, tranquilo. -me calló dulcemente mientras acariciaba mi mejilla. -Está bien, a ninguno de los dos le hubiera gustado hacerlo con aquella asquerosidad tan cerca. -reconoció.
Fruncí los labios, resignado. Era verdad, sin embargo eso no evitaba sentirme frustrado.
-Demonios, ¡estábamos tan cerca!- me quejé llevándome las manos a mi frente.
Yamapi resopló con fuerza.
-Lo sé, amor, pero quizá aún no estemos preparados. -murmuró.
Me mordí el labio inferior pensando en esto. A ese paso, jamás llegaría el momento indicado.
-Pero de verdad quería que ocurriera hoy. -le expliqué.
-¿Crees que yo no? -dijo mirándome angustiado. Se sentó en el sillón al lado mío y me abrazó con fuerza. -Escucha, lo mejor será que no apuremos las cosas. Todo se dará a su debido tiempo, no tenemos por qué desesperarnos. Aguardemos tranquilos sin dejar de disfrutar de nuestra relación, ¿sí? -besó tiernamente mi cabeza y yo no pude evitar sonreír. Milagrosamente, siempre encontraba la forma de hacerme sentir mejor.
-Claro, pero voy a necesitar colaboración por tu parte. Tengo miedo de perder el control de nuevo. -ladeé la cabeza de un lado al otro recordando que fui yo quien insistió en ir a casa.
Mi novio me dedicó una sonrisa encantadora que me dejó sin aliento.
-Por supuesto, pero voy a pedirte lo mismo, yo temo igual por mí. -se rió con suavidad. -Por cierto, te diría que vayas vistiéndote. Estamos aún en medio de la sala y es posible que en cualquier momento aparezca alguien de tu familia. -observó.
Asentí y busqué mi ropa para comenzar a vestirme. Sin embargo, cuando me acababa de poner los bóxers se escuchó cómo la puerta principal era abierta. Intenté colocarme el pantalón pero fue en vano. De lo apurado que estaba, casi me tropiezo y estampo contra el piso, así que quedé vestido sólo con mi ropa interior.
-¿Hay alguien? -preguntó una voz muy conocida, pero me sorprendió oír a continuación otra inesperada.
-¿No era que no iba a haber nadie en tu casa? -era una voz aguda, de una chica. Yamapi y yo la reconocimos al instante.
-Eso se suponía, pero no lo sé... -dijo el muchacho.
Y fue entonces cuando aparecieron en la sala nuestros respectivos hermanos, Ryuusei y Rina.
-Qué... ¡¿qué demonios?! -el menor de los Ikuta no podía creer lo que sus ojos veían.
-¡¿Qué haces solo con mi hermana?! -exclamó con furia mi pareja, levantándose del sillón ignorando que sólo llevaba puesto su prenda interior y el resto de su ropa se encontraba tirada en el suelo.
-¡¿Qué están haciendo?! -se escandalizó Rina intentando reflejar horror, aunque era más que obvio que lo que estaba sintiendo en esos momentos era emoción pura.
-¿Pueden parar de gritar los tres, por favor? -les pedí en voz alta pero procurando mostrarme calmado.
-¡Pero maldita sea, están los dos desnudos en un lugar que no es la habitación y cualquiera en la casa puede verlos! -gruñó mi hermano, claramente enojado.
Yamapi lo miró gravemente, haciendo una mueca extraña en el rostro.
-Eso es verdad y yo te pido disculpas al respecto, pero... ¿Qué pretendías hacer trayendo a Rina a tu casa sabiendo que no debía haber nadie? Tengo la sensación de que si te decían que había gente aquí, no la ibas a traer, ¿o me equivoco? -interrogó cruzándose de brazos, desafiante.
Ryuusei y Rina se quedaron mudos, estaba más que claro que Yamapi había dado en el clavo.
-N-no es lo que p-piensas... -tartamudeó el muchacho.
-Tiene razón, hermano. -le defendió ella. -Estás malinterpretando las cosas... .
-¡¿Entonces cómo son?! -gritó mi novio enfadado y entonces con rapidez me paré al lado suyo para tomar su mano con fuerza.
-Amor, tranquilo, ellos tendrán una razón, no tienes por qué reaccionar así. -busqué tranquilizarlo hablándole suavemente y acariciándolo con las yemas de mis dedos.
Él cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire para luego soltar un gran suspiro.
-¿Y qué pretendes que piense? No se me puede ocurrir otro motivo, amor, aparte nosotros... -se quedó callado y me miró fijamente a los ojos, como queriendo transmitirme el resto del mensaje de esa manera. Y lo comprendí, supe que la frase completa era "aparte nosotros vinimos hasta aquí por eso."
-Te entiendo, pero démosle una oportunidad, ¿eh? Propongo que nos terminemos de vestir y charlemos entre los cuatro con tranquilidad. -esbocé una media sonrisa y esperé a que me respondiera. Asintió apenas, aún no muy convencido con el plan. Miré a los otros dos chicos. -¿Están de acuerdo? -les consulté.
Ryuusei no podía hablar, así que fue la menor de los Aoki quien contestó.
-Por supuesto, los esperamos en el comedor. -decidió invitando con un gesto a mi hermano para que la siguiera. Éste lo hizo apenas, aún nervioso con lo ocurrido recién.
Apenas quedamos a solas de nuevo, abracé a mi novio de manera reconfortante y besé su mejilla. Sabía que aquella situación lo estaba superando, pero también sabía que Rina y Ryuusei no lo hacían a propósito. Eran unos adolescentes que se gustaban entre sí y querían descubrir qué era el amor juntos. Tal cual lo como nos sucedía a Pi y a mí.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario